La Visitante

editado por Veronica Bonafina

Cuando los gringos llegaron, Aníbal se sentó sobre el bloque de hormigón en el centro del pueblo. Su mamá había dicho que ellos iban a llegar esa tarde, y él había aceptado darles su cama por algunas noches. Había dicho que era para alguna cosa que se llama solidaridad International, pero él no comprendía que era. Pero pensó que era importante porque su mamacita y Arturo, y también el Padre Paulo charlaban de eso todo el tiempo en la iglesia.

Ellos siempre habían tenido visitantes en su pueblo.  Por la guerra. Los abuelos de Aníbal, y los abuelos de todos sus amigos, todos habían muerto en la guerra y los visitantes venían para escuchar sobre eso. Su mamá contaba cuentos de toda la gente, como su abuelo que había muerto, y los visitantes lloraban. Ella contaba los mismos cuentos repetidas veces y Aníbal se aburría de escuchar siempre las mismas historias. Posiblemente ellos eran estúpidos Una vez, uno de los gringos dijo que él y su esposa eran “pájaros”.  La mamá de Aníbal solamente sonrió y asintió con su cabeza porque ella comprendía lo que él había querido decir, pero Aníbal no pudo evitar reírse.

Todos en el pueblo charlaban de la gente que había muerto en la guerra todo el tiempo. Ellos pronunciaban eso con una voz especial, como si ellos no quisieran levantar a  los muertos. Los muertos son héroes. Aníbal quería ser un héroe también, como su abuelo, pero no quería estar muerto, y  tampoco no tener abuelo. Solamente tenía una foto de él, que desde arriba, lo miraba sobre su cama. Su abuela decía que él  tenía los ojos de su abuelo, y Aníbal pensaba que eso era muy raro. Cómo los ojos de su abuelo habían crecido en su cabeza cuando él era un bebé. Desde luego eso no era lo que ella quería decir. Pero algunas veces cuando miraba esa foto él sentía que estaba mirándose a sí mismo como un adulto mirando hacia afuera de esos círculos castaño .

Finalmente, a Aníbal le había parecido muchas horas, una camioneta azul llegó y uno a uno los visitantes bajaron.  Sus caras eran raras. Todos eran distintos. Algunos parecían asustados, y otros un poco sorprendidos con ese pueblo tan pequeño. La última persona que bajó de la camioneta era llamativamente  blanca, casi transparente, como un fantasma. Su cabello pelo era amarillo como una flor, y ella tenía la cara angelical. Ella caminó un poco detrás de los otros. Aníbal no podía dejar de mirarla. Ella se movía como un gato, poniendo cada pie cuidadosamente, posiblemente para evitar que el barro estropeara la perfecta y limpia piel de sus dedos.

Arturo reunió al grupo para decir que cada familia tenía que hospedar una pareja. Él nombró  las familias, y a los gringos, y Patricia, la representante del grupo, repitió las instrucciones en  inglés. Cuando Arturo dijo el nombre de Aníbal y su mamacita, dos hombres gigantes caminaron hacia ellos. Arturo dijo que sus nombres eran Michael y Daniel. Michael tenía pelo negro como Aníbal, y Daniel no tenia pelo, ni siquiera un poco. Michael sonrió y dijò “Hi there or should I say Hola amigo?”Aníbal sonrió también, y dijo “Hola.” Aníbal vio que el fantasma  y su papá iban con Rene y Paco. Ellos vivían cerca de su casa , así que esperaba verla pronto.

Los cuatros caminaron a la casa de Aníbal y su mamá. Los gringos eran tan grandes que Aníbal se preguntó si ellos caberían en la casa. Cuando llegaron, les mostró el cuarto y el baño, en el jardín y también la ducha. Ellos se sorprendieron. Aníbal se dio cuenta que los gringos nunca habían visto una ducha como esa. Después, los hombres dejaron las maletas en su cuarto y se sentaron en la sala. Aníbal los acompañaba mientras su mamá llevo bebidas frescas. 

Más tarde, la mamá de Aníbal dijo que ellos iban a ir a la tienda de la tía para comer pupusas. A Aníbal le encantan las pupusas, pero el dudaba de que a los gringos les fueran a gustar. Su papa había dicho que en Estados Unidos nadie come pupusas. Aníbal imaginó cuán difícil sería no tener pupusas. El se sentía muy mal por su papa . Cuando ellos llegaron a la tienda, el fantasma y su papa estaban con Rene y Paco.

La tienda de Rosa, la tía de Aníbal, era pequeña, pero todos se apretaron adentro. Aníbal  se sentía un poco nervioso por estar tan cerca del fantasma.  El fantasma, sonrió y dijo “Hola.” Por unos segundos Aníbal se quedó quieto, él quería decir algo, pero su voz no le salía. Después de algunos segundos él también dijo “Hola” y después “me llamo Aníbal.”  Ella dijo “Me llamo Lisa. Aníbal señaló las pupusas. ¿A ti te gustan?” Lisa parecía confundida, pero dijo “No sé.” Él dijo “Entonces, vamos a ver. Pero, espero que te gusten”.

Aníbal miraba a Lisa mientras Rosa cocinaba las pupusas. El aceite burbujeó y la tienda olió a harina ardiente y al curtido. Aníbal imaginó que los gringos grandes, Daniel y Michael, podrían comer muchas pupusas. Deseó que Rosa tuviera bastantes. Todos se pusieron de pie alrededor de la mesa, porque Rosa no tenía sillas. Aníbal estaba atrás del fantasma Lisa. Junto al gigante Daniel, ella se veía muy delicada, como una muñeca de porcelana. Él se preguntó cómo sería tocar su piel.

La tía Rosa puso las pupusas sobre la mesa y le dijo a Aníbal, “lleva las pupusas a afuera. No hay espacio para todos.” Aníbal se quedó inmóvil. Sacudió su cabeza, pero Rosa dijo “Ándale, antes de que tu comida esté fría.”  Aníbal miró a Lisa y dijo “You want go out?” Ella pareció confundida otra vez pero asintió con su cabeza.  Los dos llevaron sus platos a afuera, y se sentaron a comer sobre las piedras grandes junto a la tienda.

Aníbal miraba a Lisa comer su pupusa. Le pareció que ella no sabía cómo comer una pupusa. Ella la había cortado en pequeñas piezas, como un bistec. Quiso tomar su tenedor y cuchillo para mostrarle cómo hacerlo. Cuando ella dio el rimer mordiscoél le preguntó “You like?” Y ella dijo “Sí, mucho.” A él le sorprendió que ella hablara en español y le dijo “Hablas español?” Ella sonrió y contestó “Un poco”. Eso era fantástico. No solo porque ella hablaba español, sino también porque ella le había sonreído. Tal vez a ella le gustara a él. 

Él pregunto ‘te gusta el  futbol?” Ella contestó “Síi, muchísimo”. El sonrió y dijo “Entonces, vamos a jugar mañana”. El papá de Lisa salió de la tienda, y dijo “Hey you finished eating”?Aníbal dijo “Como?”. El contestó “Lo siento, terminasteis  con la cena”?El dijo “Si, estuvo muy rico”. “Muy bien, necesitamos regresar a la casa”. Michael, Daniel, y la mamá de Aníbal salieron de la tienda y todos caminaron hacia la casa.

Cuando ellos llegaron a la casa, Aníbal fue a su cuarto, aunque el recordó que los gringos estaba ahí. Era una lástima, porque él quería acostarse en la cama y pensar en Lisa. Pero al menos sabía que iba a verle mañana. Él estaba en la sala. Los gringos se sentaron juntos sobre el sofá tomados de las manos. A Aníbal eso le pareció un poco raro.

Al día siguiente todos se reunieron en el campo de fútbol: Aníbal, Lisa, Michael, Daniel, y dos amigos de Aníbal, Louis y Paco. El papá de Lisa y la mamá de Aníbal fueron la audiencia junto con Patricia y Arturo. Lisa, y los otros dos gringos formaron un equipo, y Aníbal y sus amigos, el otro. Para Aníbal no era justo, pero era lo que los gringos querían.

El juego comenzó. Los gringos tenían la bola, Michael, el más grande, era el arquero. Daniel avanzó por el campo, pero muy despacio. Louis robó la pelota y se dirigió hacia la meta. De repente Lisa corrió muy rápidamente. Ella se movía como un ciervo, sus pies apenas tocaban la tierra. Aníbal pensó, ella es realmente un fantasma. Pero, él podía correr rápidamente también, y empezó a perseguirle. Trató de agarrarle, pero ella se tropezó con el pie de Aníbal y los dos cayeron. Él gritó, y agarró su rodilla. Aníbal vio un corte profundo y un arroyo rojo que se extendía sobre su pierna.

Michael corrió hacia ellos, levantó a Aníbal y lo cargó en sus grandes abrazos. El papá de Lisa se acercó también y comenzó a hablar en inglés, pero Aníbal no comprendía lo que él decía . Había mucha sangre. El papá de Lisa se sacó la camisa, y envolvió la rodilla de Aníbal. Los tres, Michael, Aníbal, y el papá de Lisa, caminaron a la casa de Patricia y Arturo. Lisa caminaba  detrás. Aníbal se sentía muy mal, se sentía culpable por el accidente. 

Después de que su rodilla dejó de sangrar Aníbal caminó a su casa muy lentamente. Él se sentía muy mal. Entró a la casa y fue directamente a su cuarto. En la casa no había nadie . Se acostó en la cama y miró fijamente el techo. Él quería pensar en otras cosas, pero la cara  de Lisa regresaba a su mente una y otra vez. Después de veinte minutos  él oyó a su Mamá y a los gringos que llegaban. Él no quería hablar con ellos, pero no tenía alternativa porque la casa era muy pequeña. Él fue a la sala. Los gringos estaban en la cocina. Su mamá preguntó “Chico, todo está bien?” pero él no contestó.

Los gringos salieron de la cocina. Uno estaba comiendo un plátano y el otro un plato de frijoles con crema. Ellos comían todo el tiempo. Aníbal deseaba que ellos salieran, pero tenían dos días más en la casa. Él pensó que, de todos modos, era bueno que ellos no hablaran mucho en español, así él podía hablar con su mamá.

Él le dijo “espero que haya comida para mí, y que ellos no se hayan comido todo.” Uno, Michael, miró a Aníbal y dijo “Creo que hay suficiente”. Aníbal se sorprendió mucho. Él se dio cuenta de que ellos hablaban más español de lo que él pensaba. Iba a tener  que tener mucho cuidado.

Después de una noche muy aburrida, los gringos fueron a la cuarto de Aníbal. Aníbal y su mamá se quedaron en la cocina, porque ella necesitaba hacer frijoles para el próximo día. Aníbal dijo a su mamá, pero en voz baja, “Creo que estos  gringos son un poco raros”. Ella le preguntó, “¿qué te parece raro?”. “No estoy seguro, pero ellos son un poco diferentes a nosotros”. “Claro que sí, mi niño, ellos son americanos. Ellos no son como nosotros”. “No, es algo más. Yo no creo que ellos vayan a tener una buena estadía aquí”. Y su mamá agregó “yo espero que tú estés equivocado”.

Al día siguiente los visitantes planeaban ir a la montaña donde había un hospital durante la guerra civil. En realidad, no era un hospital, era solamente una cueva donde ellos escondían a los heridos. Aníbal, su mamá, y los gringos fueron al centro de la comunidad. En el parque había un perro sarnoso que buscaba un bocado para comer. La mamá de Aníbal recogió una piedra, se la tiro , y gritó “Andale, perro”. El gringo gordo dijo, “Hey, why did you do that?”. Aníbal no comprendió exactamente lo que dijo, pero él pensó que él tenía sentimientos por los perros. Aníbal esperaba que Lisa viniera.

Después de algunos minutos llegó Arturo con su ambulancia. Ellos siempre iban en ese coche cuando tenían un grupo tan grande. Aníbal todavía buscaba a Lisa. A él le preocupaba que ellos no llegaran a tiempo. Cuando finalmente, ellos llegaron, Lisa caminó hacia Aníbal y se saludaron.

Todos se abarrotaron dentro de la ambulancia y ellos arrancaron hacia las montañas. Lisa y Aníbal se sentaron juntos y cada vez que la ambulancia tomaba una curva peligrosa ella ponía su mano en el hombro de Aníbal. Él pensó que tal vez eso significaba que a ella realmente él le gustaba. Sea lo que fuere, de lo que sí estaba seguro era de que él se ponía nervioso cuando ella estaba  cerca.

A penas ellos llegaron al “hospital” salieron de la ambulancia. Aníbal le dio la mano a Lisa para ayudarle, y ella sonrió. Ellos se agarraron de la mano  y caminaron hacia la cueva. Como la cueva era muy pequeña no podía entrar todo el grupo al mismo tiempo.. Aníbal pensó que los dos gringos, Michael y Daniel, no podían entra porque ellos eran demasiado grandes, pero ellos entraron con la mamá de Aníbal y uno u otros dos. Lisa y Aníbal esperaron afuera.

Después de algunos minutos Lisa preguntó, “¿tu papá combatió en la guerra?” El contestó, “No, él era un niño, pero mi abuelo, sí. De hecho, los guerrilleros le  llamaban “el doctor” en este hospital”. Ella dijo “comprendo. ¿él era un doctor?”. Aníbal se rio, y dijo “no, solamente un campesino, como todos los combatientes“.

Cuando el primer grupo regresó de la cueva, Lisa, Aníbal, y tres otros entraron. La cueva estaba oscura y había olor a piedras mojadas. Arturo explicó cómo el hospital funcionaba durante la guerra. Aníbal sabía todo eso, y después de algunos minutos se aburrió. Él miró a Lisa y vio que ella lloraba. Aníbal le preguntó por qué ella estaba llorando y ella dijo “no sé”. Él pensó que eso era muy raro, pero también muy dulce. Él sintió cosas muy fuertes por ella en ese momento y quiso besarla, pero había demasiada gente.

El día siguiente era el último para los visitantes. Como siempre el plan era ir al río. Los gringos siempre querían ver el lugar de la masacre. Generalmente Aníbal no iba, pero quería estar con Lisa el último día. Todos los jóvenes del pueblo fueron en la parte de atrás de una camioneta. Aníbal y Lisa estaban de pie juntos, pero Louis dijo que las chicas necesitaban ir en el coche. Aníbal contestó, “Ella está conmigo”. Louis se giró hacia los jóvenes y dijo algo, pero Aníbal no pudo oír.

Cuando llegaron Aníbal ayudó a Lisa a salir de la camioneta y ellos caminaron al río. Aníbal siempre se sentía mal allá porque era donde su abuelo había muerto. Las chicas fueron a atrás de los árboles para ponerse el traje de baño.

Aníbal se quitó la camisa y saltó al río como todos los chicos. Nadó solo hacia el centro y flotó sobre su espalda. Miró los acantilados y pensó en la gente en el río y los militares arriba disparando sus armas. Pero después Lisa y las mujeres llegaron y él dejó de lado los pensamientos morbosos.

Lisa entró despacio al agua. El pelo rubio atado, y el cuerpo blanco contrastaban mucho con el de las otras las mujeres. Aníbal se preguntó si ella podría nadar, pero luego la vio saltar al agua, y nadar hacia él. Llegó y pataleó en el agua. “Hola” ella dijo. “Hola. Tú nadas bien.” “Gracias.” “Sigueme!.”

Los dos comenzaron a nadar río abajo, juntos. Los otros jóvenes gritaban y silbaban, pero a Aníbal no le importaba. Ellos nadaron más allá de una curva del río a donde había una pequeña cueva. Aníbal nadó primero y Lisa lo siguió. La cueva era poco profunda, ellos hacían pie, con el agua a la altura de sus hombros. Lisa respiraba fuerte. Aníbal sintió que el corazón palpitaba rápidamente, él no sabía si era porque había nadado o por estar tan cerca de Lisa. Él se acercó a ella muy despacio y puso sus labios sobre los de ella.

Aníbal se sorprendió de que ella no se haya alejado de él. Pero después de algunos segundos ella se retiró y dijo “No, stop”. Él no quiso, pero también sabía que tenía que parar. Él la miró a los ojos y dijo “¿No te gusto?” “Yes, sí, mucho, pero, yo me voy mañana. No podemos estar juntos. I’msorry.” Aníbal se sintió muy tonto. Claro, que era cierto. Él miró al río y dijo: “¿Quieres regresar?”

Ellos nadaron hacia los otros. Enrique, un amigo de Aníbal, nadó para encontrarlo y, haciendo un chiste, lo salpicó, pero él no quería jugar. Lisa nadó hacia su papá.

Después , todos se sentaron sobre algunas piedras y almorzaron frijoles, queso, y plátanos. Aníbal se sentó con su mamá y los gringos, pero no comió. Su mamá le preguntó “¿No tienes hambre?” Él respondió “Ahora, no, tal vez más tarde”.

Aníbal no dijo nada durante el viaje a casa. Se sentó con los gringos gigantes y cada vez que la ambulancia tomaba una curva él se sentía aplastado. Después de algunos minutos miró a Lisa pero ella no le veía. Lisa se había sentado con su papá, cuyo brazo la rodeaba. En ese momento ella parecía una niña. Todavía necesitaba a su papa.

Apenas regresaron al pueblito Aníbal no quiso entrar a la casa. Caminó hasta el centro donde los jóvenes frecuentaban. Él se sentó en el columpio y se balanceó despacio. Los gringos iban a partir el próximo día. Él iba a recuperar su cuarto. Pero, no estaba feliz. Lisa iba a desaparecer.

El último día era domingo, entonces la mayoría del pueblo estaba en la iglesia. Aníbal se sentó en el fondo con su mama y los dos gringos, Daniel y Michael. Él podía ver el pelo lacio y rubio del Lisa adelante. La luz del sol brillaba sobre su cabeza. Ella se veía como un ángel.

El Padre Pablo contó la parábola del buen Samaritano o. Aníbal conocía este cuento muy bien, porque el Padre lo había contado muchas veces.  El comenzó a pensar en otras cosas. Pronto Lisa estaría en los Estados Unidos. Tal vez él fuera también. ¿ Por qué  no? Su papá puede volar a casa cada año, tiene bastante plata. 

El servicio terminó y todos caminaron afuera hasta el centro. Ese era el lugar donde él había visto a Lisa por primera vez. Aníbal vio a ellos subiendo al autobús. Justo antes que Lisa subiera, ella se dio vuelta y le sonrió. Después de eso ella desapareció. Él supo que nunca volvería a verla de nuevo.

Finalmente, Aníbal regresó a casa con su mamá. Por lo menos tenía su cuarto otra vez. El mudó sus cosas, y fue a la cocina. Su mama preparaba la comida. Él se sentó a la mesa, pero no quería hacer nada. Su mama percibió su estado de ánimo, y le preguntó “No quieres ir a jugar con tus amigos”? Él respondió “Ahora, no. Tal vez después de la comida.” “¿Qué pasa niño?” Aníbal se la quedó mirando. . Cómo era posible que ella no supiera  el problema? “No voy a verla nunca más.” “¿A quién niño?” “A Lisa, la chica del grupo.” “Chica, pero, no había ninguna chica. Solamente había adultos en el grupo.”

Aníbal no podía creer lo que había escuchado. No era posible. Salió afuera y corrió hacia el centro. Fue hasta el lugar donde había visto a Lisa por primera vez. Estuvo parado allí durante un rato , intentando imaginar que ella llegaba. Pero, ella no apareció.

Mientras esperaba inútilmente el Padre salió de la iglesia y al verlo le dijo “Hola Aníbal, qué tal”. Pero Aníbal no respondió. Entonces,  él insistió “¿Qué pasa, joven?” Aníbal lo miró. No supo si confiar en él, pero no tenía muchas opciones. “Padre, había una chica en el grupo de los estados, no?” “No, no joven, no había chicos. Solamente adultos. ¿Por qué preguntas? “  “Pero yo sé que había. Yo hablé con ella. Nosotros jugamos al futbol, ella fue a la cueva, y al río. Su nombre es Lisa.” El Padre lo miró fijamente. “Dijiste Lisa?” “Sí, Padre. Su nombre era Lisa.” “Oh, joven.” “¿Qué, qué Padre?” “Había una Lisa. El hombre, el Sr. Lucas, tenía una hija, pero ella murió, hace dos años“. “No, no es posible.” “Sí, si es posible, niño.Con quien tú jugaste y pasaste tiempo estos días no fue con Lisa sino con el espíritu de ella. Tú eres como tu abuelo, tienes la visión de él. Puedes ver cosas que otros no pueden ver.” “¿Pero por qué, por qué yo por qué aquí?”.  “Oh joven, este es un lugar especial. Un pueblo espiritual, un pueblo de paz. Nació de la guerra, pero es un lugar de paz. Y los espíritus se sienten atraídos”.

Aníbal regresó a casa y fue a su cuarto. Se acostó en su cama y miró la foto de su abuelo sobre el muro. Él nunca había conocido a ese hombre, pero era una fuerza muy importante en su vida. Posiblemente era cierto que él tenía visión, quién sabe?

Antes de  la visita de Lisa, Aníbal pienso que un día iría al norte, como su papá, pero ahora no estaba seguro. Este era el lugar adonde ella vino. Tal vez ella vaya a regresar. Tal vez un día. Por ahora, tenía esperar.

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© 2017 Charles Freeman

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